Cuando una postura de yoga aparece en redes, parece fácil pensar que esta disciplina nació tal y como la practicamos hoy. Sin embargo, su historia es mucho más amplia: conecta meditación, respiración, filosofía, devoción y trabajo corporal. En las próximas líneas explico el origen del yoga, sus principales etapas de desarrollo y qué relación conserva actualmente con la meditación.
Una tradición milenaria que ha cambiado con el tiempo
- Raíces antiguas: nació en India y no tiene un fundador único ni una fecha exacta de inicio.
- Primeros textos: las Upanishads y la Bhagavad Gita relacionaron el yoga con el conocimiento, la disciplina y la liberación interior.
- Patañjali: organizó una vía de ocho etapas en los Yoga Sutras, donde las posturas eran solo una parte del camino.
- Hatha yoga: desarrolló técnicas corporales, respiratorias y energéticas durante la época medieval.
- Yoga moderno: desde los siglos XIX y XX se transformó en una práctica global asociada también al bienestar físico.

El origen del yoga no pertenece a una sola fecha
La respuesta corta es que el yoga surgió en la India antigua, pero no nació de repente ni fue creado por una sola persona. Se formó a lo largo de siglos a partir de prácticas de contemplación, ascetismo, respiración y búsqueda espiritual que circularon entre distintas escuelas.
Los textos védicos, compuestos aproximadamente desde el segundo milenio antes de nuestra era, ya reflejan ideas relacionadas con la concentración, el sacrificio ritual y el control de la respiración. Aun así, sería exagerado afirmar que describen exactamente las clases de yoga actuales. La palabra y las técnicas fueron adquiriendo un sentido más definido con el paso del tiempo.
Una de las primeras referencias claras aparece en la Katha Upanishad, escrita probablemente entre los siglos V y III a. C. Allí el yoga se vincula con el dominio de los sentidos y de la mente. Para mí, este punto resulta esencial porque muestra que la raíz de la disciplina estaba más cerca de la atención interior que de la flexibilidad física.
De los textos sagrados a una disciplina de transformación
Las Upanishads desplazaron parte del interés religioso desde el ritual externo hacia el conocimiento directo de uno mismo. En ellas aparecen conceptos como el atman, entendido como el ser interior, y la necesidad de superar la confusión mental para alcanzar una comprensión más profunda.
La Bhagavad Gita, integrada en el gran poema épico Mahabharata, amplió todavía más la idea. Presenta varios caminos, entre ellos el karma yoga, basado en la acción consciente; el bhakti yoga, centrado en la devoción, y el jñana yoga, relacionado con el conocimiento. Esto demuestra que yoga nunca significó únicamente sentarse en silencio o realizar posturas.El objetivo de aquellas corrientes era modificar la relación con el deseo, el sufrimiento y la propia identidad. La meditación tenía una función concreta: entrenar la atención para observar la experiencia con mayor claridad. La relajación podía ser una consecuencia, pero no era el propósito completo.
| Etapa | Interés principal | Qué aporta a la práctica actual |
|---|---|---|
| Textos védicos | Ritual, concentración y respiración | La relación entre atención, respiración y disciplina |
| Upanishads | Autoconocimiento y contemplación | La dimensión interior de la meditación |
| Bhagavad Gita | Acción, devoción y conocimiento | La idea de que existen distintos caminos de práctica |
| Yoga Sutras | Concentración y liberación mental | Una estructura ordenada para trabajar cuerpo y mente |
Qué organizó Patañjali y qué solemos confundir
Patañjali es la figura asociada a los Yoga Sutras, una colección de aforismos cuya redacción suele situarse entre los siglos II a. C. y IV d. C. La fecha exacta sigue siendo discutida, pero su importancia está clara: sistematizó ideas que ya circulaban y las presentó como un método coherente.
Su propuesta se conoce como el camino de las ocho ramas. Incluye normas éticas, hábitos personales, postura, respiración, retirada de los sentidos, concentración, meditación y absorción profunda. En sánscrito se habla de asana para la postura, pranayama para el trabajo respiratorio y dhyana para la meditación sostenida.
- Yama: principios éticos en la relación con los demás.
- Niyama: disciplina y cuidado de la propia conducta.
- Asana: postura estable y cómoda.
- Pranayama: regulación consciente de la respiración.
- Pratyahara: retirada de la atención respecto a los estímulos externos.
- Dharana: concentración sobre un objeto o punto.
- Dhyana: continuidad de esa atención sin interrupciones constantes.
- Samadhi: estado profundo de absorción contemplativa.
Hay un malentendido muy extendido: imaginar que Patañjali describió cientos de posturas como las que vemos hoy en un estudio. En realidad, el asana tenía sobre todo una función meditativa, relacionada con sentarse de forma estable. El yoga físico contemporáneo procede de una evolución posterior y de diferentes tradiciones.
Cómo apareció el hatha yoga y ganó importancia el cuerpo
Durante la época medieval surgieron corrientes que dieron más protagonismo al cuerpo, la respiración y las técnicas energéticas. El hatha yoga desarrolló posturas, purificaciones, sellos corporales llamados mudras y bloqueos musculares conocidos como bandhas.
Uno de sus textos más influyentes es la Hatha Yoga Pradipika, compuesta probablemente en el siglo XV. Su propuesta no separaba el cuerpo de la mente. La postura servía para preparar el organismo, la respiración ayudaba a regular la energía y la concentración conducía hacia estados meditativos.
La diferencia con muchas clases actuales no implica que una versión sea necesariamente falsa. Significa que el yoga ha sido una tradición adaptable. Lo que sí conviene evitar es presentar cualquier secuencia moderna como una copia intacta de una práctica de hace miles de años.
Del yoga indio al fenómeno global
El paso decisivo hacia el yoga moderno ocurrió entre finales del siglo XIX y el siglo XX. Swami Vivekananda ayudó a presentar una versión filosófica y contemplativa al público occidental, especialmente mediante su interpretación del raja yoga. En sus primeras formas globales, el yoga todavía no giraba principalmente alrededor del ejercicio físico.
Más adelante, maestros como Tirumalai Krishnamacharya impulsaron métodos donde el movimiento, la respiración y la adaptación a cada alumno tenían un papel central. De su entorno surgieron figuras muy influyentes como B. K. S. Iyengar, Pattabhi Jois e Indra Devi, que contribuyeron a extender diferentes estilos por Europa y América.
La investigación publicada por Oxford Academic sobre el yoga moderno explica que muchas de las formas actuales se desarrollaron en diálogo con la cultura física, las ideas modernas sobre salud y la expansión internacional de nuevos movimientos espirituales. La UNESCO también reconoce el yoga como patrimonio cultural inmaterial de la India, una distinción que refleja su dimensión histórica, filosófica y social.
Por eso, la práctica que encontramos hoy en España puede combinar elementos de varias épocas. Una clase de hatha puede incluir posturas suaves y respiración; una de vinyasa puede centrarse en el movimiento continuo; una sesión restaurativa puede acercarse más a la calma y la recuperación. El nombre del estilo no garantiza por sí solo la profundidad de la experiencia. La formación del profesor, el ritmo y la capacidad de adaptar la práctica importan mucho más.Qué relación mantiene hoy con la meditación
La conexión entre yoga y meditación no es un añadido reciente. Desde sus primeras formulaciones, el trabajo corporal se entendía como una preparación para estabilizar la atención. La respiración funciona como puente porque es física, pero también cambia rápidamente cuando aparecen estrés, miedo o dispersión mental.
En una práctica actual, una secuencia sencilla puede cumplir esa función sin necesidad de adoptar un lenguaje religioso. Mantener una postura durante varias respiraciones, notar las sensaciones y volver al cuerpo cuando la mente se distrae ya constituye un entrenamiento de atención consciente.
Yo prefiero explicar esta relación de forma práctica. Si una clase deja al cuerpo cansado pero la mente sigue acelerada, falta una parte importante del enfoque tradicional. En cambio, diez minutos de respiración tranquila y observación al final pueden aportar más que una postura complicada ejecutada con prisa.
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Cómo acercarse a la tradición sin idealizarla
- Busca una clase que explique el sentido de la respiración y no solo la forma externa de las posturas.
- Pregunta por la formación del profesor y comunica cualquier lesión o condición médica.
- Empieza con sesiones de 20 a 40 minutos si nunca has practicado.
- No confundas incomodidad con progreso. El dolor agudo es una señal para detenerse.
- Reserva entre 5 y 10 minutos para la quietud o la meditación, aunque la sesión sea principalmente física.
El yoga puede convivir con una mirada secular, religiosa o simplemente orientada al bienestar. Lo importante es no reducirlo a una promesa de belleza, productividad o flexibilidad perfecta. Sus resultados más consistentes suelen aparecer cuando la práctica es regular, realista y respetuosa con los límites del cuerpo.
La historia cambia la forma de pisar la esterilla
Conocer esta evolución permite mirar una clase moderna con más criterio. Las posturas son una parte visible y útil, pero detrás de ellas hay una tradición dedicada a la atención, la respiración, la ética y la relación con la propia mente.
Mi conclusión es sencilla: no hace falta reproducir una ceremonia antigua para practicar con sentido, pero sí conviene entender de dónde vienen las herramientas que utilizamos. Cuando el movimiento conduce a una respiración más tranquila y a una mente menos dispersa, la práctica conserva algo esencial de su largo recorrido histórico.